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EDITORIAL: “UCRANIA, UN RECORDATORIO DE DÓNDE ESTAMOS Y HACIA DONDE VAMOS”

La invasión a Ucrania tiene impacto y consecuencias globales que abarcan desde la posibilidad de un nueva y diferente guerra, hasta terminar con el ordenamiento geopolítico e ideológico dominante desde finales de la Segunda Guerra Mundial y, especialmente, desde finales de la Guerra Fría.

El orden mundial parece reformatearse mostrando una China como potencia económica y una Rusia deseosa de retomar sus mandatos imperiales históricos, ahora reforzados por su capacidad energética como arma de poder. ¿Será, entonces, que ya estamos -como sostienen algunos- en plena Tercera Guerra Mundial? Una que, por cierto, ya no solo se sustenta en el avance territorial sino en la capacidad del manejo de recursos estratégicos básicos y en la asociatividad de los actores intervinientes con capacidad de incidir sobre el comercio y el intercambio de bienes y servicios.

La realidad es que esta batalla y la respuesta dada por un conjunto amplio de países, no se libra ya entre el capitalismo y el comunismo, sino entre la democracia liberal y los autoritarismos, entre la dominancia de la libertad y la tiranía.

Así, condicionados por estos factores, los gobiernos latinoamericanos han tomado partido. Algunos, como Nicaragua, Cuba y Bolivia se abstuvieron de apoyar la propuesta de condena a Rusia, mientras otros como Argentina y Brasil sostuvieron posiciones ambiguas, mientras que países como Chile y Uruguay expresaron su rechazo nítidamente. No es difícil relacionar dichas posiciones con la intensidad o labilidad democrática–republicana ejercida en cada uno de ellos.

Es así, que el mundo ha entrado en un estado riesgoso de inestabilidad económica, financiera, geopolítica y sociocultural. El modelo democrático liberal y la globalización que parecían haber llegado para convertirse en el modus cívico-político y comercial dominante, comienzan a dar señales de agotamiento. América Latina, al igual que otras regiones del mundo, está siendo impactada, además, por el surgimiento de movimientos populistas y el activismo nacionalista en los extremos del arco ideológico.

Lo que se pone en evidencia es que la mayor amenaza para la democracia no es una ideología en particular sino el propio ejercicio autocrático del poder y la permanencia de asimetrías sociales sin resolver, que expulsan hacia los bordes a cada vez más individuos.

Luego del drama ucraniano, el momento de revisión se impone para todos. Debilidades y fortalezas serán evaluadas por los protagonistas de una guerra que incluye facetas políticas, económicas, militares y hasta religiosas.  Putin buscó corporizar un sueño que ya delineaba en el 2007 y que no trata de construir futuro, sino de regresar al pasado, el del Imperio zarista y soviético.

Covid y Ucrania constituyen una dupla unida por una misma preocupación: la seguridad y, en ese marco, la idea de un Estado más activo y la redefinición de prioridades hacia un capitalismo más empático que promueva nuevas formas de participación ciudadana y representación política.

Save Democracy se solidariza con el pueblo de Ucrania y abraza a todos aquellos que luchan por la libertad y la democracia