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EL BOICOT A LA CUMBRE EN LOS ANGELES Y LA SEGUNDA GUERRA FRÍA

A medida que cesaba la Primera Guerra Fría, desde los últimos 20 años del siglo pasado y hasta finales de la primera década de este milenio, emergieron en todo el planeta “olas democráticas” que a través de movimientos civiles establecieron instituciones políticas que aspiraban a traducir las voluntades populares en gobiernos representativos.

Estas democracias emergentes y algunas democracias republicanas pioneras y maduras, como la de EE. UU., hoy se encuentran amenazadas y debilitadas por el surgimiento de movimientos políticos autocráticos que aspiran encubierta o abiertamente a un retroceso hacia autoritarismos políticos de antaño.  Esto es claramente observable en países latinoamericanos como Argentina, El Salvador, México y Perú cuyos presidentes alcanzaron el poder a través de elecciones libres, pero que hoy aspiran a instaurar un “modelo de capitalismo de Estado” al estilo autocrático de China y Rusia, al tiempo que se han transformado en apologistas y representantes políticos de las ya consolidadas dictaduras más extremistas de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Quienes durante décadas hemos trabajado por la consolidación de democracias con Estado de derecho y con economías libres, competitivas y sociales de mercado, debemos reconocer la inestabilidad político-económica y los retrocesos sociales que el “capitalismo de amigos” en EE. UU. han causado en este mismo país y en el resto del planeta.  El gran desplome económico y financiero mundial entre 2007 y 2009 fue causado por el “crony capitalism” en los mercados financieros con altos niveles de corrupción privada dentro de los mismos Estados Unidos.  Además, las expediciones militares fallidas en Afganistán e Iraq lideradas por los norteamericanos en nombre de la exportación de la democracia también abonaron al shock de desprestigio de su sistema económico y político.  Estas crisis lo debilitaron y causaron el ascenso al poder de un corrupto movimiento demagógico-autoritario encabezado por Donald Trump, al tiempo que provocaron repercusiones internacionales nefastas en diversos países del mundo, tal como el ascenso al poder de la facción más extremadamente autoritaria del Partido Comunista Chino representada por el hoy presidente Xi Jinping, quien durante años pugnó con facciones más “aperturistas” dentro del mismo partido y que estaban más dispuestas a ensayar experimentos sociales con democracia local.  Fue así como el presidente Xi logró convencer a su Politburó que la apertura política y económica china carecía de beneficios a largo plazo advirtiendo que ese modelo democrático sería “caótico e inestable”, lo que podía visibilizarse en EE. UU. al cual Xi describió como un gigante con pies de barro.

Este contexto internacional pernicioso se refleja hoy en los síntomas políticos autoritarios que se percibieron antes y durante la novena Cumbre de las Américas en Los Ángeles.  Hay que recordar que hasta hace pocos años las Cumbres de las Américas representaban un hito de consolidación democrática para Latinoamérica y para el Caribe que se desarrollaba a través de acuerdos regionales que, cada 3 años, promovían la convergencia de todos los países del hemisferio occidental. Durante la Cumbre previa en Lima se hicieron presentes 34 países con sus jefes de Estado, sin embargo, en Los Ángeles solo participaron 23 países y varios de ellos sin ser representados por sus más altas autoridades, tal como fue el caso de México que envió a su desprestigiado secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard.

Este “boicot” propiciado por algunos presidentes latinoamericanos apologistas de dictaduras y con tendencias políticas autocráticas no fue causado por la indiferencia política de EE. UU. hacia la región. Todo lo contrario. El tema prioritario para EE.UU. durante la Cumbre en Los Ángeles fue proponer, formalizar y urgentemente implementar un acuerdo transnacional en materia de cooperación económica coordinada con cooperación migratoria regional para así disminuir los flujos de migrantes de sur a norte, especialmente durante un año de elecciones intermedias que afectará el poder relativo de la administración del presidente Biden.

Más allá de las 5 principales temáticas que pretendían ser abordadas durante esta más reciente Cumbre en Los Ángeles (democracia y gobernabilidad, desarrollo verde sostenible, salud pública, transformación digital, y sostenibilidad energética), lo cierto es que la relativa inconsecuencia de esta Cumbre fue causada por la obvia y perniciosa campaña de gobiernos latinoamericanos “clientes” de China y de Rusia. 

Podemos así constatar que el boicot liderado por los regímenes proto-autoritarios de Argentina, México y sus similares, obedeció más a la futura consolidación del poder económico y político de China y de Rusia en la región latinoamericana más que a los fingidos deseos de Alberto Fernández y de López Obrador de incluir en la Cumbre a las dictaduras impresentables de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Es en este contexto que el gobierno del presidente Biden deberá continuar su esfuerzo político de corregir los enormes errores de política doméstica y de política exterior cometidos por diversas administraciones federales norteamericanas previas para, a partir de ahí, fortalecer su democracia interna y retornar a un capitalismo transparente, incluyente y más competitivo que logre evitar el regreso del régimen político demagógico-autoritario Trumpista que tanto daña y desprestigia a EE.UU.

Una ventaja comparativa de toda democracia es que posee una mucho mayor flexibilidad y capacidad sociopolítica para corregir sus errores que las rígidas autocracias. Es así como, a partir de una mayor fortaleza interna, Estados Unidos y sus aliados latinoamericanos, europeos y asiáticos deberán enfrentar política, económica y militarmente a la expansión regional de la “ola de autocracias” lideradas por China.

Basado en lo antes dicho, uno puede concluir que el boicot contra la Cumbre de las Américas en Los Ángeles representa otro “chispazo” en la históricamente constante pugna entre, lo que el filósofo Karl Popper denominaba, “las sociedades abiertas y sus enemigos”.