fbpx

EL RENACIMIENTO DE LA DEMOCRACIA: DIAGNÓSTICO Y PROPUESTAS

El más fuerte o más débil arraigo de cada país con el desarrollo de sus instituciones democráticas se vincula a diversos factores de naturaleza histórica en sus dimensiones sociológica, económica, política y antropológica.  Son procesos sumamente complejos los que explican el surgimiento y consolidación de prácticas político-sociales democráticas.  En un determinado territorio de un país pueden existir instituciones a través de las cuales se toman decisiones colectivas sujetas a asambleas relativamente democráticas, tal como es el caso de Tlaxcala durante periodos prehispánicos en México, mientras que en otras regiones de ese mismo país y en esa misma época coexistieron sistemas políticos autoritarios como el de la Triple Alianza Azteca. Similar heterogeneidad institucional pudo también observarse en países tan variados como Argentina, Nigeria e Indonesia.

En el presente, observamos que en los más diversos países con democracias históricamente fuertes y desarrolladas como las de EE. UU o Alemania, durante los pasados 10 años y hasta hoy, continúan brotando movimientos políticos y sociales de naturaleza demagógico-autocrática vinculados a grupos sociales masivos que adoptan identidades culturales antinmigración y de supremacía blanca.

Al mismo tiempo, en países con democracias más “recientes” como en Brasil, El Salvador, México o Perú, se han venido observando brotes de retrocesos institucionales con debilitamiento democrático a través de una demanda social creciente por políticos demagógico-autoritarios, disfrazados de derecha ideológica como en los casos de Bolsonaro y Bukele, o de izquierda social como en los casos de López Obrador y Pedro Castillo.

Dados los 65 países en todas las regiones del planeta que muestran casos de deterioro democrático ya verificados por prestigiosos Índices como el Reporte Anual del Economist Intelligence Unit, la pregunta obligada es ¿cuál es el principal común denominador que opera como factor causal de estas olas antidemocráticas en los sistemas políticos de países tan diversos en sus geografías, culturas y niveles de desarrollo humano?

Un factor causal fundamental, que el que escribe este artículo ha verificado empíricamente liderando trabajos de campo in situ en los más diversos países con historias de democracias maduras e incipientes, es la percepción generalizada de una mucho mayor inseguridad humana tanto entre los segmentos socioeconómicos más vulnerables, como entre las clases medias y los grupos de mayor privilegio socio económico. Es decir, todos los grupos sociales perciben que, a lo largo de las pasadas dos décadas (según sea el país), los sistemas políticos democráticos que adoptaron sistemas económicos capitalistas empresariales privados de mercado han mostrado como resultado un deterioro en el acceso a bienes y servicios básicos y fundamentales para sobrevivir y para progresar, y en consecuencia sus poblaciones se decantan por movimientos político-demagógicos y autoritarios.

Resulta muy interesante destacar que la desilusión social creciente con la democracia que manifiestan las clases sociales más vulnerables y la clase media se asocia al creciente deterioro en el acceso a trabajos bien remunerados, a viviendas básicas, a servicios de salud, de educación y al sistema de justicia; mientras que la desilusión de las clases sociales con mayor riqueza se asocia al deterioro cada vez más pronunciado en los derechos humanos concernientes al acceso a la seguridad jurídica, a la protección de la propiedad privada y a la seguridad física, así como el descontrol de la corrupción política. Cabe destacar que cada uno de estos bienes y servicios básicos y fundamentales son considerados derechos humanos en todas las leyes internacionales (Convenciones) que emanaron del marco de las Naciones Unidas y que fueron ratificadas por casi todos los países del planeta.

En síntesis, en los países con democracias desarrolladas e incipientes se han medido percepciones generalizadas de desilusión hacia los resultados de la democracia causados por deterioros crecientes en el acceso a bienes y servicios básicos y fundamentales sin los cuales no es posible sobrevivir y progresar. Esta desilusión social creciente con la democracia que se manifiesta en todos los estratos sociales de 65 países se vincula al hecho de que las economías de mercado abastecidas por los sectores empresariales privados o por los Estados no han logrado garantizar mayores niveles de acceso a bienes y servicios tan básicos y fundamentales, como el acceso al agua, a la salud o a una seguridad jurídica mínima.

Hasta comienzos de este milenio, las democracias junto a los sistemas económicos capitalistas basados en un sector privado empresarial lograron, en promedio, reducir los niveles de pobreza individual extrema (hoy medido en $2.5 dólares por día) desde un 60% de la población mundial en 1950 a sólo un 8% para 2019. Esta reducción de la pobreza sin precedentes en la historia de la humanidad se concentró en aquellos países que adoptaron un sistema económico capitalista mixto (público y privado) con acceso a bienes y servicios públicos y escenciales para sobrevivir y progresar a través de precios y calidad reguladas por el Estado (excluyendo a China por supuesto).  Sin embargo, desde finales de la década de los 90 se han ido desmantelando paulatinamente todos los marcos regulatorios aplicados a los sectores privados empresariales encargados de producir y abastecer todos estos bienes y servicios Entre los marcos regulatorios en proceso de desaparición se incluyen también los controles del Estado al financiamiento de campañas políticas, de partidos y de candidaturas que ha producido un proceso incremental de captura política mafiosa de los Estados por parte de redes criminales disfrazadas de sector privado empresarial legal.  Esto último ha generado aumentos sin precedentes en los niveles de corrupción al más alto nivel administrativo y judicial.

Ahora bien, para lograr un retorno a las olas de democratización del siglo pasado, con el necesario apoyo mayoritario de todos los sectores sociales, se requerirá retomar la regulación de todos los sectores privados involucrados directa o indirectamente en la producción y abastecimiento de los bienes y servicios básicos y fundamentales para así garantizar la seguridad humana. De lo contrario, la desilusión creciente con las democracias continuará generando los incentivos para que más y más grupos sociales sigan encontrando “culpables” ficticios entre los miembros más débiles de cada sociedad y así, proporciones crecientes de ciudadanos desesperados busquen refugio en identidades culturales basadas en el racismo o en la xenofobia a través de autoritarismos demagógicos.