IRÁN EN EL TABLERO GLOBAL, UNA GUERRA QUE BENEFICIA A RUSIA Y CHINA

Es magnífico aspirar a un cambio de régimen político en Irán que apunte a cinco dimensiones fundamentales para dejar atrás el régimen teocrático criminal que, durante los últimos 47 años, ha causado millones de muertes tanto dentro como fuera de Irán.

A mi juicio, un régimen político que rompa con el patrón histórico de dictaduras monárquicas y teocráticas debería apuntar hacia los siguientes cinco ámbitos de reformas:

  1. Desmantelamiento inmediato del actual plan armamentístico nuclear, con el fin de evitar una proliferación descontrolada de armas nucleares en la región;
  2. Desmantelamiento inmediato de la capacidad misilística intercontinental que hoy ya ha atacado al Medio Oriente y a Europa, y que apunta a expandirse hacia otras regiones del mundo;
  3. Desmantelamiento inmediato del aparato de organizaciones violentas no estatales que, no solo desestabilizan a los países del Medio Oriente, sino que operan en todo el planeta como tentáculos del actual régimen sanguinario de los ayatolas (por ejemplo, Hamas y Hezbolá, Hutíes etc.);
  4. Iniciar inmediatamente un proceso de democratización comenzando desde los gobiernos locales, evitando trasplantes constitucionales “copy paste” impuestos desde el exterior;
  5. Reparación urgente de los daños padecidos por amplios segmentos sociales que han sufrido todo tipo de violaciones a sus derechos humanos, principalmente mujeres y niñas, así como también opositores políticos y diversos grupos étnicos.

Hasta aquí deseo imaginar que la mayoría coincide conmigo.

Sin embargo, un cambio de régimen político como el que muchos deseamos debe ser primero catalizado por un movimiento político-social interno preexistente, con un liderazgo político claro, que —junto con una operación militar apoyada desde el exterior— pueda hacer realidad esa transformación.

A mi juicio, existen tres cuestiones fundamentales que hasta hoy están provocando el fracaso en el logro de un cambio de régimen político a través del operativo militar liderado principalmente por Israel, al cual posteriormente se incorporó el gobierno de Trump.

  1. Aun cuando el “cambio de régimen político” continue siendo el objetivo de la administración Trump -algo que está seriamente en duda, dado que cada funcionario de alto nivel diariamente cambia la versión de ese objetivo-, hay que tener en cuenta que, cuando una operación militar apunta a un cambio de régimen, la historia demuestra que debe existir de antemano una organización de actores políticos alternativos (aunque operen en la clandestinidad). Estos actores deben además ser percibidos como legítimos por una parte significativa de la población y deben estar ya organizados para reemplazar de inmediato al régimen derrocado para así evitar un vacío de poder que derive en una guerra civil en un país como Irán, caracterizado por una gran diversidad y conflictividad étnica.

Esta condición hoy no se cumple.

Proponer al hijo del Sha como posible líder o permitir que Trump decida ridículamente quién será el próximo líder de Irán me recuerda a las experiencias fallidas que yo mismo presencié en Afganistán con títeres afganos del gobierno de Estados Unidos, como fue el caso de Karzai.

Para empeorar la situación, pensar en incorporar a los kurdos para derrocar al régimen de los ayatolas —algo que la administración Trump está incentivando torpemente— podría terminar provocando una guerra civil similar a la de Libia o la de Irak.

Lo que realmente se perfila hasta ahora es que, después del descabezamiento político producido por el operativo militar del 28 de febrero, el próximo gobierno iraní podría terminar siendo similar o incluso peor que el anterior. Un nuevo gobierno liderado por otro ayatola solo tendría que resistir los bombardeos durante algunas semanas para luego reconstruir su capacidad misilística, continuar apoyando a actores no estatales como tentáculos bélicos de Irán y acelerar, con mucho mayor desesperación, la obtención de armas nucleares, mientras continúa reprimiendo y masacrando a su propia población iraní.

  1. Al no existir una coalición internacional que apoye política y militarmente este operativo, China y Rusia están gozando el espectáculo de ver a Estados Unidos sin la capacidad logístico-militar -e incluso sin el necesario abastecimiento de armas-, y sin el capital político y militar necesarios para sostener simultáneamente el “frente” del conflicto en Ucrania y el potencial próximo enfrentamiento bélico con China en torno a Taiwán.

En este contexto, tanto Rusia como China tienen incentivos para prolongar esta guerra, con el objetivo de distraer y debilitar aún más a Estados Unidos, mediante apoyos económico-financieros y con la asistencia encubierta de armamento hacia Irán.

  1. Todas las encuestas existentes desde el 28 febrero indican que tanto el frente político como el frente social en Estados Unidos se oponen al operativo bélico en Irán, y sobre de ello, hay que considerar que éste es un año electoral en USA.

Si no se producen cambios que atiendan estas tres dimensiones de análisis, todo indicaría que esta más reciente improvisación político-militar de Trump -originalmente impulsada por Israel- camina hacia un rotundo fracaso tanto en la contienda bélica como en la político-electoral de noviembre próximo.