Entre mis lecturas para tratar de entender algo de lo que está pasando en Medio Oriente, me encontré un párrafo escrito por Amin Maalouf en su libro “El naufragio de las civilizaciones”, publicado en 2019, que dice, respecto a la dinámica del mundo de principios de siglo:
“Está en marcha un engranaje cuyo motor no ha puesto nadie voluntariamente en marcha, pero hacia el que nos estamos viendo todos arrastrados a la fuerza y amenaza con reducir a la nada nuestras civilizaciones.”
De inmediato sentí que dicha afirmación ya era historia y que, después del bombardeo a Irán, se podía escribir de otra manera. Lo que hasta hace poco era una dinámica global que nadie quería, resultado involuntario de un engranaje puesto en marcha por todos, hoy ese engranaje tiene una voluntad al mando y apuesta a la superioridad de su fuerza para imponer lo que llama su grandeza.
Cuando Washington y Teherán se encontraban en medio de negociaciones diplomáticas, Israel y los EU deciden atacar a Irán con bombardeos de alta precisión, matando al Ayatola Jamenei y a gran parte de su gabinete, pero también, como en toda guerra, asesinando a centenas de civiles, destacadamente a más de 150 niñas en una escuela.
Con esa agresión, violatoria del derecho internacional y de la ética de las conversaciones iniciadas para evitarla, se corre el riesgo de envolver a toda la región en una violencia armada catastrófica, pues de inmediato Irán respondió atacando a Israel y otros países de la región con presencia militar estadounidense.
Además de mostrar la incapacidad del Consejo de Seguridad de la ONU para cumplir con sus responsabilidades de mantener la paz y la seguridad, se establece otro precedente de impunidad total para las grandes potencias militares.
El ataque a Irán va al corazón del radicalismo islámico producto del resentimiento y el odio resultantes por tantas y tantas derrotas y humillaciones infligidas a los pueblos de la región. Y si bien, se ha desmantelado y retrasado con ello la producción de armas nucleares y el régimen se verá sumamente mermado, lo que quede de él y de sus alianzas con las diversas expresiones de ese islamismo radical, serán suficientes para alimentar un período largo de inestabilidad e inseguridad en la región y hasta en los propios EU. El sentimiento de derrota y el deseo de venganza que quedarán vivos, provocarán una vez más el síndrome del eterno vencido que al decir del mismo Maalouf, acaba por aborrecer a toda la humanidad y por destruirse a sí mismo.
El mantenimiento de la dictadura teocrática de los Ayatolas, capaz de nombrar al mismo hijo de Jamenei como sucesor, y de su carácter brutal y sanguinario, aunado a la debilidad de la oposición, vuelven sorprendente y alarmante la exigencia de Estados Unidos para una rendición incondicional y un cambio de régimen de Irán lo que solo podrá traducirse en una guerra prolongada y un enorme sufrimiento.
La superioridad tecnológica de los EU e Israel podrá seguir obteniendo logros militares y obligar al régimen iraní a buscar negociaciones, pero ya no se podrá evitar el ahondamiento y la generalización del caos en la región.
Y, si bien es cierto que las repercusiones económicas del conflicto, junto a los calendarios electorales de EU e Israel ponen una fuerte presión para no prolongar la guerra, estos factores, con el tiempo, se convertirán en armas a favor de Irán.
Hoy no es posible aventurar posibles escenarios. Como dijo un periodista muy atinadamente, “vivimos un escenario plagado de cosas que sabemos que no sabemos”. (Andrés Ortega)
Lo que sí sabemos es que la estrategia agresiva, política, comercial y militar de Trump está convirtiendo su MAGA, a los ojos de todo el mundo, en su contrario, es decir, que en lugar de grandeza está obteniendo bajeza. El imperialismo norteamericano, que durante mucho tiempo estuvo al mando de buena parte de los asuntos humanos, con un mensaje de libertad y democracia (acompañado por supuesto por sus formas descaradas y sutiles de dominación), hoy se ha vuelto un imperialismo vulgar, sin ningún mensaje ético o político, a no ser el ofrecimiento de negocios de las empresas que lo respaldan. La democracia, la diplomacia y la decencia no aparecerán por un tiempo en el escenario.
Asistimos a un nuevo reparto del mundo entre las grandes potencias. La impunidad con la que actúan resulta espeluznante, tanto como los riesgos catastróficos en que nos ponen a todos. Soberbio en su poderío militar y tecnológico, los EU pretenden ponerse al mando de la remodelación en su conjunto. La Junta de Paz a la que convocó, así como el Escudo de las Américas que se acaba de realizar, intentan sustituir a los organismos multilaterales que representan el esfuerzo humano por construir una gobernanza mundial con métodos y procedimientos democráticos y de respeto mutuo.
El nuevo imperialismo vulgar ha dado la espalda a los problemas del destino común humano y ha tomado el mando del engranaje destructivo para, impunemente, imponer sus condiciones. El mundo que ya se ha vuelto viejo (la ONU, la OEA y demás), resignado, no atina a la defensa de lo mejor de lo que fue.
Quizá por ello la pregunta ¿por quién doblan las campanas? Hoy, de manera inquietante debería ser ¿Por qué no doblan más fuerte que nunca para que todos las oigan?
Miembro del Consejo Consultivo de Save Democracy.
Escritor, Académico e Investigador en el Instituto de Investigaciones Sociales y en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.
rborja@savedemocracyal.org








