Nos convoca hoy una conversación que, más que abrirse, busca dar continuidad a un debate que ha cobrado especial relevancia en los últimos tiempos: el deterioro de la democracia y sus implicaciones para la libertad de expresión y el ejercicio del periodismo.
Cuando afirmamos que atravesamos un proceso de regresión democrática, no estamos ante una exageración retórica, sino frente a una realidad ampliamente documentada. El informe más reciente del proyecto V-Dem nos ofrece datos que, si bien no resultan sorprendentes, sí evidencian con claridad la magnitud del fenómeno que hoy se describe como una “tercera ola de autocratización”, en contraposición a la tercera ola democratizadora iniciada a finales de los años setenta del siglo pasado.
Por primera vez en dos décadas, las autocracias superan en número a las democracias. Al menos 45 países se encuentran en procesos de autocratización, frente a solo 19 en procesos de democratización. Esto implica que cerca del 72% de la población mundial vive hoy bajo regímenes autocráticos o híbridos, el nivel más alto desde 2009.
Estos datos no solo evidencian una crisis de la democracia liberal en sus formas tradicionales, sino también un retroceso significativo en términos históricos: el índice global de democracia ha vuelto a niveles comparables a los de 1985.
En América Latina, este fenómeno adquiere rasgos particulares. La región muestra avances desiguales, donde conviven instituciones debilitadas —especialmente los poderes legislativos— con ejecutivos cada vez más fortalecidos. Este desequilibrio facilita procesos de concentración de poder que erosionan los contrapesos institucionales.
Lo que observamos, en términos generales, podría describirse como un “asalto a la democracia” desde la propia democracia. No se trata de rupturas abruptas ni de golpes de Estado en el sentido tradicional, sino de transformaciones graduales impulsadas desde las estructuras mismas del poder político.
En este contexto, la libertad de expresión y el acceso a la información adquieren una relevancia central. Ambos son pilares indispensables de cualquier sistema democrático, en tanto permiten la rendición de cuentas y el control ciudadano del poder. Sin ellos, las elecciones pierden su carácter competitivo y la ciudadanía ve limitada su capacidad de tomar decisiones informadas.
No es casual, entonces, que el periodismo se haya convertido en uno de los principales blancos de estos procesos de autocratización —independientemente de su orientación ideológica—, porque estos representan mecanismos fundamentales de control social y exposición de abusos de poder.
La evidencia empírica muestra que la libertad de expresión está en declive en múltiples países: ha empeorado en al menos una cuarta parte de los casos analizados a nivel global
Los patrones de erosión democrática son consistentes: captura del poder judicial, debilitamiento del poder legislativo, manipulación electoral, concentración del poder en los ejecutivos, polarización inducida, deslegitimación de procesos electorales, cooptación institucional, restricciones a la sociedad civil y, de manera sistemática, ataques a la prensa independiente.
Este escenario plantea desafíos urgentes. No basta con diagnosticar la magnitud del problema; es necesario pensar en las formas de enfrentarlo. Ello implica, por un lado, fortalecer la resiliencia de los sistemas democráticos que aún conservan capacidades institucionales; y, por otro, diseñar estrategias que permitan revertir el deterioro y avanzar hacia procesos de recuperación democrática.
El conjunto de textos que integran este número busca precisamente contribuir a esa reflexión. A partir de distintas experiencias, enfoques y contextos, los especialistas aquí reunidos ofrecen un análisis profundo de los riesgos que enfrenta hoy el periodismo, así como de los mecanismos necesarios para su protección y fortalecimiento.
En un momento en que la democracia enfrenta presiones internas y externas sin precedentes, este esfuerzo editorial pretende no solo documentar una crisis, sino también abrir caminos para su comprensión y, sobre todo, para su transformación.
Porque, en última instancia, la defensa del periodismo es inseparable de la defensa de la democracia.
Miembro del Consejo Consultivo de Save Democracy.
Politólogo de la Universidad de Costa Rica, con postgrado en Gerencia de Proyectos de Desarrollo y actual doctorando en Gestión Pública y Ciencias Empresariales del Instituto Centroamericano de Administración Pública. Durante ocho años ejerció como Director de Proyectos de Asistencia Técnica Electoral para el IIDH/CAPEL. Ha sido consultor sobre partidos políticos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo; del Banco Interamericano de Desarrollo para la formulación de proyectos educativos cívicos y políticos; y de la Organización de los Estados Americanos en programas sobre democracia y gerencia política. Actualmente se desempeña como Director Residente del Instituto Nacional Demócrata para Asuntos Internacionales con sede en Guatemala y Director del Programa Regional de NDI para Centroamérica.
ENunez@savedemocracyal.org








