GESTIÓN DE RIESGOS Y MECANISMOS TÁCTICOS DE PROTECCIÓN

Voy a intentar sintetizar algunas de las medidas más elementales que pueden tomar como periodistas para protegerse.

Profesionalmente me dedico a asesorar diversas organizaciones de noticias y a periodistas sobre cómo protegerse físicamente cuando se encuentran bajo amenaza.

La mejor forma de entender mi trabajo es con una analogía: “uno puede esperar a enfermarse y luego ir al médico para recibir tratamiento, o bien puede vacunarse con antelación”. Lo que buscamos en el ámbito de la seguridad de los medios es precisamente dar a las personas la capacidad de “vacunarse” lo más pronto posible.

Entonces, ¿qué hacemos? Construimos procesos y sistemas integrales que les permitan a las organizaciones de medios y sus periodistas, gestionar el riesgo. Ese es el punto de partida. Podría entrar en todos los aspectos tácticos de cómo hacerlo, pero estaría aquí horas, así que la idea central es la siguiente:

Existen peligros reales -no me detengo a juzgar si son correctos o incorrectos, ni a pensar en un mundo ideal en el que deberíamos poder desempeñar nuestro trabajo sin riesgos y sin protección-, hay personas, organizaciones o conglomerados que intentan dañarnos, incluso matarnos.
La pregunta es: ¿cómo minimizamos ese riesgo para poder hacer nuestro trabajo?

Esto es algo a lo que me dedico todos los días.

Para ponerlo en contexto, desafortunadamente, mientras Albertina hablaba, estuve un poco distraído porque una periodista me estaba escribiendo desde el terreno. Está afuera, a punto de realizar una entrevista en la casa de una persona que está armada y que potencialmente es muy peligrosa, pero que ha accedido a darle acceso.

Esto ocurre en una democracia occidental. En este momento, ella, yo y otras personas de seguridad, junto con editores, estamos discutiendo qué hacer en caso de que esta persona la ataque. Eso probablemente está ocurriendo en tiempo real mientras hablamos, y es algo que hago diariamente.

I.  MENTALIDAD (MINDSET)

La forma en que comenzamos a construir un marco de trabajo es partiendo de la mentalidad.

La mentalidad puede abordarse desde dos enfoques:

  1. Mentalidad de Crecimiento, reconociendo que las amenazas existen y preguntarnos cómo ser ágiles y cómo reaccionar ante ellas.
  2. Mentalidad Fija: centrada en lo terrible de la situación y en que las cosas no deberían ser así.

Nosotros preferimos trabajar desde una mentalidad de crecimiento y enfrentar la realidad tal como es.

Lo hacemos planificando para el peor escenario, independientemente de la asignación. Sin embargo, planificar para lo peor no significa que vaya a suceder, ni implica limitar lo que los periodistas desean hacer. La gestión de riesgos nunca debería impedir que los periodistas realicen su trabajo; debe ser, más bien, una herramienta de planificación que les permita responder de manera adecuada a los riesgos existentes.

Un error común en el que muchos caen al introducir la gestión de riesgos es intentar planificar para todos los riesgos imaginables. Por ejemplo, ¿podría caerte un meteorito mientras estás en una cobertura? Sí, podría ocurrir, pero la probabilidad es extremadamente baja. Por lo tanto, no tiene sentido perder tiempo planificando ese tipo de escenarios. Lo importante es concentrarse en riesgos probables y razonables.

Lo que realmente me preocupa es cuando hablo con organizaciones de noticias y periodistas que dicen: “No podíamos imaginar que algo así nos pasaría, que alguien llegaría a la puerta de nuestra casa y nos golpearía, o lanzaría un ladrillo por la ventana, o nos obligaría a huir del país”.

Siempre me pregunto: ¿por qué no pueden imaginar esas cosas? Su trabajo es ser creativos, y también deben serlo al pensar en los riesgos. Por eso, hay que planificar para el peor escenario.

II.  PLANIFICAR PARA EL PEOR ESCENARIO

Desde una perspectiva muy práctica y humana, esto significa que cada periodista —especialmente en contextos autoritarios o de alto riesgo—, debe preguntarse qué ocurriría si sucede lo peor y necesita abandonar su país.

Gran parte de mi trabajo consiste precisamente en organizar ese tipo de reubicaciones o en intentar sacar a personas de prisión. Y con frecuencia escucho: “Nunca imaginamos que esto podría pasar” o “simplemente esperábamos que no sucediera”. Y en consecuencia, no idearon planes concretos para actuar cuando esto ocurrió.

Por ello, lo primero que deben hacer es preguntarse:

Si necesito salir de mi país o evacuar rápidamente,

¿a dónde voy a ir? y ¿ese lugar sería dentro del país, en una reubicación temporal o fuera del país?

  • Es vital tener la documentación en orden, y esto aplica para toda la familia. Durante la caída de Afganistán ante el Talibán, tuve que evacuar a 247 periodistas. Uno de los principales problemas fue que muchas de las personas que quedaron atrás no contaban con identificaciones válidas, o sus esposas no tenían documentos de viaje. En Afganistán, no es común que las mujeres tengan este tipo de documentación, debido a la mentalidad de que no necesitan viajar. Esto resultó muy problemático y, en la práctica, dejó a muchas personas fuera del operativo de rescate. Por ello, si se dedican al periodismo de investigación o a trabajos de alto riesgo, es fundamental asegurarse de que ustedes y sus seres queridos cuenten con la documentación adecuada en caso de que necesiten salir rápidamente.
  • Es importante disponer de recursos económicos para hacerlo. Esto implica que las organizaciones de medios y los periodistas en lo individual deben prever fondos de emergencia para estas situaciones. Nunca deberían encontrarse en una situación en la que se diga: “No podíamos imaginar que esto pasaría. No tenemos dinero para ayudar a alguien a tomar un taxi o pagar una noche de hotel”.
  • Es fundamental contar con el acuerdo de la familia respecto a lo que se está haciendo. Muchos periodistas realizan su trabajo sin hablarlo previamente con sus familias, y esto puede convertirse en un choque muy fuerte cuando enfrentan amenazas y deben salir rápidamente. Por eso, desde un nivel muy humano, este es un aspecto que debe atenderse con anticipación.
  • Tanto las organizaciones como los individuos deben enlistar los mecanismos de protección con los que cuentan. Como mencionaba Toby, existen mecanismos internacionales y, en el caso de México, también hay mecanismos gubernamentales que en ocasiones funcionan, aunque no siempre. También hay abogados que pueden ayudar. Sin embargo, lo más importante es identificar quiénes son las personas que pueden respaldarte en caso de problemas. Es decir, ¿quiénes están de tu lado y pueden ayudarte a protegerte si surge una situación de riesgo? Esto incluye a personas con influencia con las que tú o tu organización tengan algún vínculo.

Es recomendable mapear estas relaciones y tenerlas claramente identificadas, incluso por escrito: si este equipo enfrenta un problema, acudiremos con este juez, con este político o con esta persona específica que pueda ayudar. Dependiendo del contexto, podría tratarse de un líder religioso, un líder comunitario u otra figura relevante. Lo importante es tener identificados y organizados estos apoyos como parte de una estrategia clara de protección.

III. REDES DE PROTECCIÓN

El otro gran factor es la comunidad internacional, como ya hemos mencionado. Por ejemplo:

  • ¿Puede el Comité para la Protección de Periodistas ayudarte?
  • ¿Puede hacerlo Reporteros Sin Fronteras?
  • ¿O muchas de las organizaciones presentes en este espacio?
  • ¿Acudirán en tu apoyo si enfrentas problemas?
  • Y, sobre todo, ¿cómo puedes alertarlas de tu situación en caso de riesgo?

La solidaridad internacional es una forma importante de protección. Trabajo con periodistas que operan en contextos extremadamente difíciles, donde, en ocasiones, su única protección es que el gobierno evita detenerlos porque trabajan para un medio o una marca internacional reconocida, que generaría presión pública si fueran arrestados. La solidaridad internacional puede salvar vidas.

Otro elemento clave a considerar es la solidaridad dentro de tu propio país:

  • ¿Otros periodistas alzarán la voz si eres arrestado o amenazado?
  • ¿Existe una comunidad de prensa que te respalde?
  • ¿Reaccionará la ciudadanía?

He trabajado en numerosos casos en Medio Oriente, África y América Latina donde la presión de la opinión pública ha sido determinante para obligar a gobiernos o incluso a grupos criminales a cambiar su comportamiento, al considerar que lo que estaba ocurriendo no era aceptable. Es decir, cuando la gente reconoce que un periodista ha estado defendiendo sus intereses, puede movilizarse en su apoyo.

Por eso, es fundamental identificar a estas personas, mantenerlas de tu lado y construir relaciones sólidas con ellas. Tener esas redes bien establecidas puede marcar la diferencia y, en situaciones críticas, incluso salvar tu vida. La presión social ha obligado a gobiernos o grupos criminales a retroceder.

Cuando incomodas a ciertas personas, es posible que todo esto no sea suficiente para salvar tu vida. Sin embargo, puede darte tiempo, el tiempo necesario para ponerte a salvo o para sacar a tu familia de una situación de riesgo. Ese es el punto clave: ganar tiempo.

Estas redes pueden darte ese tiempo y, a veces, ese tiempo salva vidas.

IV.  ELECCIÓN DE HISTORIAS

Cada periodista debe tomar, a nivel individual, decisiones sobre qué historias y asignaciones va a cubrir. Trabajo con muchos periodistas de investigación que realizan un trabajo extraordinario, pero que, por la naturaleza de su labor, incomodan a muchas personas. Esa es, en cierto modo, parte de su función: confrontar, incomodar, cuestionar.

Esto puede ser viable en entornos seguros, donde existen mecanismos de protección y respaldo. Pero cuando ese no es el caso, mi recomendación es clara: elegir cuidadosamente las historias que se deciden cubrir.

  • Bajar el perfil temporalmente

Es importante realizar investigaciones contundentes, pero también es recomendable combinar ese trabajo con coberturas más cotidianas. Si todos los días incomodas a alguien, cuando enfrentes un problema serio no tendrás un respaldo que te permita decir: “Voy a volver a temas más rutinarios, déjenme en paz”.

Esto lo veo con frecuencia en casos relacionados con el crimen organizado. Los periodistas realizan investigaciones que afectan directamente los intereses de estos grupos, lo que genera reacciones muy fuertes. Por lo general, cuando alguien se molesta contigo, primero envía una advertencia. Es común que te hagan saber que están inconformes y que te pidan que dejes de hacer lo que estás haciendo. No siempre ocurre, pero siendo honesto, en la gran mayoría de los casos —alrededor del 95 %— sí sucede. Y en ese momento enfrentas una decisión: detenerte o continuar con tu trabajo.

Si cuentas con un historial de trabajo más cotidiano, de periodismo menos confrontativo, puedes decirle a ese grupo: “Voy a volver a mi trabajo diario”. Y eso puede convertirse en una protección muy importante para los periodistas.

Puede sonar extraño, pero vale la pena invertir en ese tipo de trabajo más rutinario. En muchos casos, esto ha permitido a periodistas ganar tiempo para salir de una situación de riesgo o generar cierto margen de negociación con quienes los amenazan, al demostrar que no siempre se dedican a investigaciones de alto impacto.

Estas son medidas que pueden implementarse a nivel individual. Idealmente, los editores también deberían estar alineados con este enfoque.

V.  EVALUACIONES DE RIESGO

Por otro lado, algo fundamental que deben hacer las organizaciones de noticias —y que los periodistas freelance deben exigir cuando no exista— es realizar evaluaciones de riesgo.

En realidad, todos tenemos la capacidad de hacer este tipo de evaluaciones. Cuando éramos seres humanos primitivos, no salíamos de la cueva si había un tigre dientes de sable afuera; nos quedábamos dentro con el resto del grupo. Como seres humanos, estamos naturalmente preparados para evaluar riesgos de esa manera. De hecho, todos ustedes están aquí porque han aprendido, por ejemplo, a mirar a ambos lados antes de cruzar la calle.

Es el mismo principio, pero llevado a un nivel más formal: una evaluación de riesgos a nivel organizacional.

Si tu organización o quienes te asignan trabajos no están realizando este tipo de evaluaciones, deberías hacerlo tú mismo y presentarlo como un plan. Es decir: “Este es mi plan”.

Ese plan debe incluir claramente:

  • ¿Qué es lo que vas a hacer?
  • ¿A quién podrías incomodar y qué podrían hacer esas personas en respuesta si realmente se molestan?
  • ¿Esto puede implicar ataques físicos, digitales, legales o incluso psicológicos?

La idea es desglosar estos posibles escenarios y, a partir de ahí, definir junto con la organización —o proponer tú mismo— qué medidas se tomarán para gestionar esos riesgos en caso de que se materialicen.

¿Cómo vas a gestionar cada riesgo?

Desde una perspectiva legal, si enfrentamos una demanda —por ejemplo, un SLAPP— debemos tener claro a qué despacho de abogados vamos a recurrir para solicitar asistencia, o qué organización pro bono puede apoyarnos, así como cuánto dinero tenemos previsto destinar a ese caso.

Si no se cuenta con recursos suficientes, existen organizaciones que pueden ayudar, pero es fundamental haber establecido previamente vínculos con ellas. Por ejemplo, Maria Ressa, mencionada anteriormente, no cubre por sí sola todos sus gastos legales; cuenta con el apoyo de organizaciones con las que ya tenía conexión y a las que puede acudir en busca de ayuda. Ese es el tipo de respaldo estratégico al que me refiero.

En el caso de ataques digitales, también es necesario prever cómo proteger dispositivos, como el teléfono, o activos sensibles, como las cuentas bancarias. Asimismo, es importante definir cómo se responderá ante situaciones como la difusión de contenido manipulado —por ejemplo, un deepfake o material pornográfico falso utilizando la imagen de una persona—.

En todos estos escenarios, la clave es anticiparse, responder a los riesgos identificados y trabajar activamente para minimizarlos y siempre que el riesgo sea mínimo o manejable, se continúa con la asignación, esperando que el peor escenario no ocurra, y si no, reconsideras. Pero, si llega a suceder, se está preparado para enfrentarlo.

VI.  FACTOR CRÍTICO: EL EGO

Una de las cosas más importantes —y que con frecuencia hace tropezar tanto a las organizaciones de noticias como a los periodistas, e incluso a mí mismo— es el ego.

A veces llegamos a convencernos de que podemos llevar adelante una historia porque somos lo suficientemente buenos, porque creemos tener todas las medidas de mitigación de riesgos bajo control, todos los respaldos necesarios, y porque consideramos que la historia es tan importante que simplemente debe hacerse.

Lamentablemente, algunas de las personas con las que he trabajado y que ya no están con nosotros perdieron la vida, en parte, porque el ego las llevó a tomar ciertas decisiones. No diría que ese sea el caso de la mayoría, pero sí de algunas. En esos casos, terminaron creyendo demasiado en la narrativa que se contaban a sí mismas sobre lo que debían hacer.

Por eso, es indispensable cuestionar el propio plan. Hay que examinarlo con mucho rigor y acudir a otra persona para pedir una opinión honesta: “¿Qué piensas de esto? ¿Te parece una buena idea lo que estoy haciendo?, ¿Es demasiado arriesgado?”

A veces alguien externo verá lo que tú no ves. Esa persona podría decirte que es una locura absoluta y preguntarte por qué harías algo así. O, por el contrario, podría señalar que la situación es manejable y que tu plan es sólido.

Si haces ese ejercicio: PLANIFICACIÓN, EVALUACIÓN DE RIESGOS, REDES DE PROTECCIÓN Y DECISIONES ESTRATÉGICAS, es más probable que te mantengas a salvo y, sin duda, estarás en una mejor posición que si no hubieras implementado estas medidas.