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BANALIDAD, UNA EPIDEMIA MUNDIAL

“Nacimos así… en un lugar donde las masas elevan a los ineptos
a la categoría de héroes.”
Nosotros los Dinosaurios, Charles Bukowski

 

Muchos son los retos que, para nuestras democracias en América Latina y el Caribe supone el 2023. Alarmante resulta el más reciente Índice sobre Democracia que año con año presenta The Economist y en donde el 60% de los países de la región no son considerados democracias. De los 8 países que, si lo son, solo tres se ubican en el rango de democracias plenas (Uruguay, Chile y Costa Rica), mientras que los 5 restantes son valuados como democracias defectuosas (Argentina, Brasil, Colombia, Panamá y República Dominicana). Haití, El Salvador y México se encuentran dentro de los 10 países del mundo con el peor desempeño democrático.

Sumado a ello, la mayoría de nuestras naciones salen reprobadas en los Índices 2022 de Corrupción de Transparencia Internacional y de Estado de Derecho del World Justice Project. Mal en límites al poder gubernamental, mal en el respeto y aseguramiento de los derechos fundamentales, mal en orden y seguridad, mal en justicia civil y penal, y por supuesto, mal en combate a la corrupción. Y para ello, un ejemplo, en 2021 registramos el número más alto a nivel mundial de asesinatos de defensores de derechos humanos: Colombia 138, México 42 y Brasil 27.

La creciente deriva democrática y el alza de los autoritarismos han impactado enormemente en el incremento de la corrupción, la violencia, el daño ambiental, el fortalecimiento del crimen organizado y las migraciones; así como en el debilitamiento de las instituciones democráticas, de la libertad de prensa y expresión, y de la transparencia y rendición de cuentas.

El futuro no se anuncia muy prometedor. Aunado a los retrocesos que estos índices muestran, una compilación de datos extraídos de Google hecha por la empresa financiera Remitly presenta resultados muy preocupantes. Este trabajo se realizó con el fin de, estadísticamente, determinar el trabajo soñado en el mundo a partir del texto Cómo ser un/una…escrito en el idioma de cada país y evaluando el número de búsquedas hechas durante un año.

Piloto, escritor e influencer son las principales profesiones buscadas a nivel mundial por quienes se presume, mayoritariamente, serían niños y adolescentes.

Si estos datos en si ya resultan alarmantes, el caso de América Latina es dramático. En la mayoría de nuestros países, exceptuando Haití y Brasil, las búsquedas se centran en influencers y youtubers. Este mismo resultado se obtuvo en España, Jordania, Kuwait, República Checa, Japón e Indonesia. En la mayoría de los países africanos, muy por el contrario, la búsqueda arroja empresario, escritor, abogado, doctor y científico; lo mismo pasa en Asia (escritor, cantante, director de cine, maestro, bailarín, piloto y abogado) y en Europa (abogado, escritor y profesor); mientras que en los países árabes la búsqueda arroja poeta.

Por su parte, el informe Dream Jobs 2020 de la OCDE descubrió, entre otros temas, que los más jóvenes se alejan cada vez más de las llamadas carreras “duras” decantándose por las “blandas” que están relacionadas con las artes o las ciencias sociales, ello pese a que en el mercado laboral existe una demanda cada vez mayor de profesionales relacionados con las áreas STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics).

Ambos estudios no necesariamente se contraponen, y aunque si bien la metodología empleada por Remitly no puede darnos cifras exactas y, por tanto, certezas acerca de los anhelos profesionales de niños, adolescentes y jóvenes como lo hace el de la OCDE, si anuncia datos que se corresponden con una realidad más que evidente.

Hoy en día, el 59% de la población mundial utiliza alguna o varias redes sociales, es decir 4.62 de los 7.91 billones de personas en el mundo consume contenido a partir de estas herramientas. Solo el año pasado se sumaron 227 millones. Ahora bien, cada uno de estos usuarios dedica 75.5 horas al mes a sus redes sociales, lo que representa el 15% de su tiempo despiertos. Los contenidos mayormente consumidos tienen que ver con la música, la comedia, memes y videos virales, belleza y estilo de vida. No es de extrañar entonces que los influencers con mayor número de seguidores estén relacionados con estos rubros que podrían catalogarse como triviales.

Entonces, el anhelo aspiracional de estas generaciones para convertirse en influencers tiene su sustento en estas cifras y en la facilidad con que creen pueden alcanzar altos ingresos: basta encontrar el nicho de banalidad que se corresponda con su personalidad y que éste, a su vez, empate con la audiencia a fin de hacerse de más y más seguidores, pues los ingresos varían en función de ello: una marca paga, en promedio, por cada anuncio 100 dólares si cuentan con 10,000 seguidores, 1000 por cada 100,000, y 10,000 por cada millón.

En síntesis, tenemos que las democracias se han debilitado al punto de no ser evaluadas ya como democracias; que los autoritarismos de izquierda y de derecha ganan espacios mientras aniquilan los resquicios democráticos que aún quedan en pie; que los paradigmas sobre qué es y para qué sirve la democracia se desmoronan en el inconsciente colectivo;  que los ciudadanos consumen cada vez más material basura al tiempo que van siendo despojados de su pensamiento crítico, de sus libertades y de sus derechos; y que una gran parte de las generaciones más jóvenes ya no se identifican con los altos ideales de justicia, paz, libertad, igualdad y solidaridad, sino que su brújula los aleja de las luchas colectivas en aras de una exposición narcisista con objetivos meramente consumistas.

¿Qué democracia de futuro estamos discutiendo si no incluimos dentro de nuestros estudios y análisis la amenaza cada vez más real de que nuestros niños y jóvenes se conviertan en zombis carentes de pensamiento crítico y cuya única motivación de lucha sea la de cultivar su imagen?