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CAMBIOS EN LA POLÍTICA EXTERIOR DE EUA

Estados Unidos se prepara para un nuevo ciclo en política exterior. El cambio de estilo de diplomacia presidencial estimularía un sistema multilateral de gobernanza global más a semejanza de los intereses de Washington como lo hizo al concluir la segunda postguerra. La revista Foreign Policy destaca que Joe Biden, ajeno al aislamiento del American First, apuesta a reubicar a Estados Unidos como líder moral y económico del mundo. En alguna medida, adelanta la intención de restablecer ciertos dogmas del pasado y coaliciones estratégicas para movilizar acciones colectivas de política exterior. Sin embargo, no se descarta la continuidad de enfoques geopolíticos con la etapa precedente en particular en lo que hace a China y en términos de seguridad internacional.

El presidente electo se ha comprometido a volver a ser parte del Acuerdo de Paris, reincorporarse a la OMS, eventualmente a la UNESCO y hasta al acuerdo nuclear con Irán si Teherán cumple con obligaciones referidas a las limitaciones a la producción de uranio enriquecido. También ha señalado la intención de convocar una Cumbre sobre la Democracia con el propósito de movilizar junto a países afines una cruzada contra gobiernos autoritarios. También utilizando organizaciones de la sociedad civil que están en primera línea en la defensa de la democracia. El propósito incluye a las corporaciones tecnológicas que deberían asegurar que los algoritmos y plataformas no estén potenciado el estado de vigilancia y afecten las libertades individuales y la libre expresión.

La Unión Europea y la OTAN son las que probablemente más se beneficien con el cambio en la Casa Blanca. La postulación de Anthony Blinken como Secretario de Estado, fortalecería ese aspecto. El diálogo transatlántico será el punto más saliente con preferencias a fortalecer el vínculo de confianza con Francia y Alemania como lo hizo la Administración Obama. El Reino Unido post Brexit intentará mantener la relación especial en particular en materia de defensa. En términos comerciales quedará por ver si Joe Biden tiene intención de encarar con Londres un acuerdo de libre comercio destinado a sustituir los huecos de la ruptura con la UE.

Un nexo más estrecho entre Washington y Bruselas obligaría a Moscú a mayor flexibilidad en temas críticos en Europa Central, el Báltico y la guerra en el Cáucaso Sur. Es probable que el futuro de las relaciones bilaterales dependa de la atmósfera para reencausar cuestiones de seguridad internacional. En los últimos cuatros años, Washington ha impuesto una panoplia de sanciones y el sistema del control de armamentos estratégicos ha sido afectado con la denuncia de los tratados de misiles de corto y mediano alcance y el de cielos abiertos. En febrero 2021 vence el START III.

La puja geopolítica con China mantendría el mismo grado de complejidad al haber sido la anterior Administración demócrata el disparador de la competencia hegemónica. Fue Obama el que califico a China como enemigo a pocos meses de dejar el poder. Joe Biden mantendría el mismo criterio tal como lo dejó en evidencia recientemente al describir a China como una dictadura. Hong Kong, Taiwán y el Mar de China Meridional seguirán siendo prioridades. Sin embargo, el G-2 podría adquirir una mayor dinámica diplomática para acordar, por lo menos, el gerenciamiento de la rivalidad.

América Latina puede ser escenario de una revitalización de las Cumbres de las Américas con la intención de acentuar el valor de la democracia, los derechos humanos, la seguridad jurídica y los compromisos medioambientales. Venezuela y Nicaragua seguirán en la mira. El deshielo con Cuba puede adquirir relevancia en la medida se produzca como contrapartida una mayor apertura del régimen. También América Latina puede ser donde los límites a la expansión China adquieran mayor visibilidad. El mundo post pandemia no parece, por el momento, ser muy novedoso en términos de poder. Esperemos que, por lo menos, concentre mayor diplomacia y espíritu de contención.