El orden internacional edificado tras 1945 sobre equilibrios multilaterales, soberanía jurídica y derechos humanos atraviesa una de sus crisis más agudas. Como coinciden las reflexiones de este número de la Revista Alerta, no presenciamos solo un reacomodo, sino una regresión autoritaria que amenaza con degradar las instituciones representativas a simples apéndices de ambiciones hegemónicas y corporativas.
A nivel global, asistimos a la resurrección de las “zonas de influencia” en donde las grandes potencias regionales reclaman tutela geopolítica y acceso preferencial a recursos energéticos, minerales estratégicos y cadenas de valor de los países vecinos. Las intervenciones directas o las presiones económicas sobre naciones soberanas transparentan una narrativa que prescinde de justificaciones democráticas para subordinar su soberanía. Esta lógica no opera aislada: Estados Unidos, Rusia, China y, en menor medida Israel y Corea del Norte, persiguen su propio espacio hegemónico mediante agresiones militares y desestabilización en sus regiones. El planeta queda así tensionado entre colosos que buscan repartirse territorios como botín.
A este escenario territorial se suman frentes inéditos sin fronteras tradicionales. Como advierten nuestros colaboradores, la confluencia entre corporaciones tecnológicas multimillonarias y corrientes ideológicas que consideran obsoleta la deliberación democrática impulsa proyectos de soberanía extraterritorial y enclaves privados al margen de la ley. Al mismo tiempo, el avance vertiginoso de la inteligencia artificial hacia modelos autónomos genera alertas expresadas por sus propios creadores sobre riesgos existenciales y competencia por recursos indispensables como energía y agua.
Frente a esta múltiple embestida, la respuesta no puede limitarse a la pasividad retórica ni a la sumisión oportunista.
Desde Save Democracy convocamos a la academia, a las organizaciones civiles y a la ciudadanía consciente y crítica a consolidar redes de resistencia democrática. Defender el Estado de derecho y la autodeterminación frente a la tutela externa y la captura autoritaria es, hoy más que nunca, la condición fundamental para nuestro futuro común.








